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Archive for 25 abril 2015

VIDA SACERDOTAL

           Un hecho indiscutible es que cuando un sacerdote comete una falta muy grave, se publica en todo el mundo. ¿Hay algunos sacerdotes que fallan? Como en cualquier otro grupo. ¿Qué pasaría si se publicasen esos mismas fallos si los cometiesen un abogado, un politico, un industrial, un médico…? ¿Diríamos que los abodados, los politicos, los industriales, los médicos… son unos corruptos? ¿Por qué hay quienes lo dicen de los sacerdotes? Gracias a Dios, los sacerdotes gozan de buena salud moral.

           Conozco a muchos sacerdotes que están trabajando en barriadas pobres, en pequeños pueblos o en misiones, incluso en países donde la Iglesia y ellos son perseguidos hasta el martirio; casos en que podrían haberse labrado un gran porvenir si se hubiesen dedicado a un trabajo civil para el que tenían una gran capacidad. Porque sacerdotes de valía los hay, y muchos.

            Sentado esto, a mi modo de ver, clarísimo, empiezo mi reflexión con dos frases; la primera, lo que le dijo un “indiecito peruano” a un misionero que se estaba quejando porque le necesitaban urgentemente en una aldea alejada de su parroquia de misión y a altas horas de la madrugada, y después de un agotador día de misión, iba refunfuñando por dicha tarea extra; y el indiecito, con toda sencillez y sabiduría le espetó: “entonces padrecito ¿para qué te hiciste sacerdote? Y la segunda, algo que repetía con frecuencia D. José Mª García Lahiguera, antiguo Arzobispo de Valencia. Decía que el sacerdote debe ser siempre sacerdote y sólo sacerdote.

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LA MEDIDA DE LA FE

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UN POCO DE HUMOR

CASTIGARLO

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EUCARISTIA

En el próximo tema vocacional pensaba tratar sobre la vocación al matrimonio. Pero me ha parecido mejor hablar sobre la Pascua ya que estamos en los días de su celebración. Cualquier fiesta que celebramos nos debe llevar a su vivencia. De lo contrario, las fiestas quedan vacías de contenido.

           De manera especial debemos implicarnos en la vivencia de la Pascua. Es nuestra gran fiesta. Se celebra en ella la reconciliación de los hombres con nuestro Padre Dios, reconciliación que se realiza por medio del derramamiento de la sangre de Cristo. Jamás comprenderemos el inmenso amor que Dios manifestó al hombre en la Pascua.

           No sería noble por nuestra parte mirar desde fuera el sacrificio de Cristo en la cruz, es decir, mirarlo como si no tuviera nada que ver con nosotros. Y es que siempre que alguien nos ama y nos demuestra su amor, no podemos estar al margen. Hemos sido creados para el amor y debemos amar cuando nos sentimos amados.

           Si la Pascua es la gran fiesta del amor de Dios al hombre, debe ser la gran fiesta de nuestra correspondencia al amor. ¿Cómo? Amando también a Dios. Y esa comunión de amor es lo que expresamos en la celebración de la Pascua tanto cuando celebramos la eucaristía, como cada año en la celebración pascual.

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FAMILIA VIVA EN PAZ

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UN POCO DE HUMOR

VISTA BUENA

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           A mi modo de ver, la vocación al sacerdocio es distinta de las demás vocaciones. Vamos a ver si me explico bien para que no haya malas interpretaciones. No quiero decir que los sacerdotes seamos más que los otros; pero somos distintos, no como son distintas las demás vocaciones entre sí. El sacerdocio, podríamos decir, está en otra esfera ¿En qué sentido? Sencillamente, en que en las demás consagraciones es la persona quien se consagra a Dios y Dios la acepta, con lo que se cierra el compromiso; mientras que en el sacerdocio es Dios quien asume y se apropia de la persona del sacerdote y éste acepta.

Un formulario básico para la profesión perpetua de los consagrados podría ser algo así como: “Yo, N.N., conforme a las Constituciones aprobadas por la Santa Sede Apostólica, hago para siempre, voto de castidad, pobreza y obediencia como hermana/o  de la Congregación…”

El/la superior/a recibe la profesión más o menos con estas palabras: Yo, N.N., Superior/a General (Provincial o Delegada), acepto tu profesión religiosa en nombre de la Iglesia y de la Congregación.

           El caso de la ordenación es distinto. No soy yo quien pido: es Dios quien me ofrece y yo quien acepto. Desarrollo un poco la idea para que se comprenda mejor. Al llegar el momento de la ordenación sacerdotal, el obispo, primero, elige al candidato: Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, Nuestro Salvador elegimos a este hermano nuestro para el Orden de los presbíteros.

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